Jóvenes ejemplares (III)

Beata Josefina Suriano 01 01 Beata Josefina Suriano

Josefina Suriano nació el 18 de febrero de 1915 en Partinico, centro agrícola de la provincia italiana de Palermo, arquidiócesis de Monreale. El 6 de mayo de 1915 Josefina fue bautizada en la entonces única iglesia parroquial de la Santísima Virgen de la Anunciación (o Annunziata). A los dos años de edad, cuando por primera vez descubrió a Jesús crucificado, se vio que comprendía el significado de aquel símbolo. Su serenidad de espíritu la llevó a demostrar inclinación hacia las cosas simples de la vida, que giraban en torno al sentido religioso que tuvo desde entonces y que a lo largo de su vida ocupará el primer lugar entre sus intereses.

Viviendo en la gran casa de sus abuelos y rodeada del afecto de sus parientes, recibió de todos ellos la primera educación moral y religiosa que, desde los cuatro años, fue confiada a las Hermanas “Collegine de San Antonio”. En 1922 recibió los sacramentos de la penitencia, primera comunión y confirmación. En el mismo año ingresó en la Acción Católica siendo primero “benjamina”, después aspirante y finalmente joven de la A.C.

A los doce años Josefina empezó a participar con profundo espíritu eclesial en la vida parroquial y diocesana, tomando parte activa en todas las iniciativas de la A.C. El centro de sus actividades fue la parroquia, donde con total disponibilidad cooperaba con el párroco. De 1939 a 1948 fue secretaria de la A.C. y de 1945 a 1948, si bien era parte del grupo de las mujeres, fue nombrada presidenta de las jóvenes por pedido de las mismas. En 1948 fundó la Asociación de las Hijas de María y fue su presidenta hasta la muerte. El voto de castidad que hizo Josefina el 29 de abril de 1932 en la capilla de las Hijas de la Misericordia y de la Cruz, que era la sede social de la juventud femenina de la A.C., demuestra que su compromiso religioso surgía de una opción de vida. Las palabras que pronunció y escribió en su diario aquel día son las siguientes: “En este día solemne, Jesús mío, yo quiero unirme más a Ti y prometo ser cada vez más pura y más casta para ser una azucena digna de tu jardín”.

Intentó varias veces entrar en la vida religiosa, pero se encontró con dificultades insuperables. Y mientras rezaba esperando obtener la bendición de sus padres para entrar en la vida religiosa, seguía participando con espíritu eclesial en la vida de la parroquia y de la diócesis, como socia y responsable de la A.C. y como presidenta de la Pía Unión de las Hijas de María. Viendo que no podía ingresar en la vida religiosa, Josefina quiso dar al Señor la última prueba de su inmenso amor y el 30 de mayo de 1948, junto con otras tres compañeras, se ofreció como víctima por la santidad de los sacerdotes. Fue verdaderamente llamativa la coincidencia entre el acto de su ofrenda como víctima y el comienzo de una forma de artritis reumática tan fuerte que le dejaría un defecto cardíaco que luego la llevará a la muerte. Hasta el último momento siguió dando un ejemplo sublime de perfección. Murió improvisamente de un infarto el 19 de mayo de 1950 y fue beatificada el 5 de septiembre de 2004.

Fuente: cf. aciprensa.com

Las almas fervorosas se elevarán rápidamente a gran perfección

Sagrado Corazon 37 70 Santos Ignacio de Loyola y Luis Gonzaga

En la lucha por la santidad hay muchas dificultades que superar, y muchos enemigos que vencer. Entonces una mirada al Corazón de Jesús, “nuevo estandarte de la victoria” (León XIII. Encíclica Annum Sacrum), y el triunfo será nuestro. Esta promesa es para los católicos fervorosos. San Ignacio dice que, aquel que está obligado a Dios por tantos beneficios, no puede contentarse con un servicio vulgar. Al menos deberíamos encontrarnos en este estado: “Quiero tener deseos de ser santo”.

Dos elementos son imprescindibles: Dios y mi esfuerzo. Sin su gracia, ni puedo desear lo bueno, ni pronunciar con provecho el nombre de Jesús. Él me dará siempre más de lo necesario: Dios no se ha agotado, ni se agotará por muchos santos que haga.
Por otra parte, nadie sabe lo que su parte estorba a lo que Dios obraría en él, si no pusiera obstáculo a la gracia, según el profundo pensamiento de San Ignacio de Loyola. Cuando yo diga a Dios la palabra “quiero”, me abrumará con su gracia.
“Todo lo que me sirva para la santificación, lo abrazaré, aunque me cueste; todo lo que me estorbe lo desecharé; todo lo que sea indiferente, lo despreciaré” (San Luis Gonzaga)

La promesa del Sagrado Corazón incluye tres elementos: los que practiquen esta devoción se elevarán a perfección grande y rápidamente.
1º Se elevarán a perfección. Esta perfección comprende a todo hombre y en toda su vida sobrenatural. Perfección de la mente con toda sabiduría y dones del Espíritu Santo; del corazón, dándole la perfección en el amor hasta hacerlo capaz del sacrificio; y de la voluntad, en la práctica de los mandamientos y consejos.
2º Perfección grande. En esta devoción lo primero es el acrecentamiento de la virtud de la caridad, la cual, enseña Santo Tomás, da su forma y perfección a todas las virtudes, ordenándolas a su último fin. Pío XII decía que es la síntesis de toda religión y la norma de vida más perfecta, porque como afirmaba Pío XI, esta devoción “lleva los entendimientos con mayor facilidad al conocimiento completo de Cristo Nuestro Señor, e inclina las voluntades eficazmente a amarle con más ardor y a imitarle más cerca.” (Miserentissimus Redemptor)
3º Perfección rápida. Por el camino común el trabajo de purificación interior se duplica y es mucho más fatigoso y lento. Pero el Corazón de Jesús es el árbitro de la gracia, puede abreviar la obra de nuestra santificación. “Les dará la perfección pronto”. Abracémosla con ahínco, lectores amigos, y practiquemos con entusiasmo la devoción al Sagrado Corazón, porque es el Camino más abreviado, para conseguir la perfección.

Fuente: P. Manuel Mosquero Martin SJ, Las promesas del Sagrado Corazón de Jesús

Plegaria del joven

Carlo Acutis y Montserrat Grasses 01 01 Los jóvenes Carlo Acutis y Montserrat Grases actualmente en proceso de beatificación

Santísima Trinidad, eterna vida y juventud, Tú que eres la fuente de mi ser, haz que la aventura de mi vida, que recién comienza con toda la fuerza de lo nuevo, tenga el único sentido de caminar de retorno a la casa del Padre. Señor Jesús, que un día pensaste y amaste con alma de joven, imprime en mi corazón tus mismos ideales y sentimientos.

Quisiera tener siempre sed de la verdad, buscada en el bellísimo libro de la creación, en los acontecimientos de todos los días y, sobre todo, en ti mismo, el único Maestroque tiene para mí palabras de vida eterna. Concédeme un amor limpio y generoso, capaz de amar a mi prójimo y a mi patria, a los amigos y a los enemigos; que se entusiasme con prontitud y facilidad por todo lo que es noble, justo y grande; que sintonice con los héroes y santos de la historia; que sienta en lo más hondo del alma el llamado a las grandes empresas y tenga instintivo horror de lo mediocre, lo injusto, lo doble, lo hipócrita y lo bajo; que por encima de todo y con un corazón ensanchado y dilatado, logre correr por el camino de tus mandatos amándote con todo el corazón, toda el alma, toda la mente y todas las fuerzas. Educa mis pasiones, afectos y sentimientos para que nunca me desordenen ni me manchen, y sean los que me den fuerza y sensibilidad para el dolor, el amor y la belleza.

Yo también quisiera, Señor, que como Tú, toda mi vida estuviese dedicada a las cosas de mi Padre, que ninguna de sus cosas me fuese indiferente, no me venciese el respeto humano y jamás buscase agradar a los hombres sino sólo a mi Dios. Quiero ser, con tu gracia, dedicado en el estudio, alegre en las diversiones, esforzado y limpio en el deporte, noble en la amistad, devoto en la oración y magnánimo en tu servicio.
Sólo porque he vivido poco, aún no tengo que lamentar grandes fracasos ni me pesa la decrepitud de arraigados malos hábitos. Pero Tú sabes, Señor, que tengo necesidad de amar y ser amado, y que a veces siento el vértigo de la libertad, que mis pasiones me sacuden como un mar embravecido, el mundo me seduce con facilidad y mis propósitos son frágiles. Te imploro que madures y temples mi corazón como el del joven Juan, tu discípulo amado, con la castidad y la caridad, pues yo también quiero serte fiel en la amistad hasta la cruz.
Mas si algún día te traicionara por el pecado, como Pedro, no te quedes en silencio soportando mi afrenta, mírame y muéstrame como te plazca, aunque tu mano me parezca dura, que he equivocado el camino, pues estoy dispuesto al arrepentimiento y a comenzar de nuevo.

Tengo, por fin, Señor, un futuro que me atrae y mil proyectos que me fascinan. No sé qué querrás hacer de mi vida ni qué planes e ilusiones tienes sobre mí, pero quisiera decirte que estoy dispuesto a todo, sólo que me ayudes en lo que mandes. Más allá de ello, manda lo que quieras. Quisiera que tu Madre, Señor, me tratase como a ti: formándome un corazón como el tuyo, buscándome con angustia cuando me pierda, estando siempre al pie de mi cruz y esperándome gloriosa en la gran alegría de la eternidad. Amén.

Fuente: P. Ramiro Sáenz, Solo Dios basta

''Estad siempre alegres en el Señor''

Don Bosco ensenandoComo acabáis de escuchar en la lectura de hoy, amados hermanos, la misericordia divina, para bien de nuestras almas, nos llama a los goces de la felicidad eterna, mediante aquellas palabras del Apóstol: Estad siempre alegres en el Señor. Las alegrías de este mundo conducen a la tristeza eterna, en cambio, las alegrías que son según la voluntad de Dios durarán siempre y conducirán a los goces eternos a quienes en ellas perseveren. Por ello añade el Apóstol: Otra vez os lo digo: Estad alegres.

Se nos exhorta a que nuestra alegría, según Dios y según el cumplimiento de sus mandatos, se acreciente cada día más y más, pues cuanto más nos esforcemos en este mundo por vivir entregados al cumplimiento de los mandatos divinos, tanto más felices seremos en la otra vida y tanto mayor será nuestra gloria ante Dios.

Que vuestra bondad sea conocida de todos, es decir, que vuestra santidad de vida sea patente no sólo ante Dios, sino también ante los hombres; así seréis ejemplo de modestia y sobriedad para todos los que en la tierra conviven con vosotros y vendréis a ser también como una imagen del bien obrar ante Dios y ante los hombres.

El Señor está cerca; no os inquietéis por cosa alguna: El Señor está siempre cerca de los que lo invocan sinceramente, es decir, de los que acuden a él con fe recta, esperanza firme y caridad perfecta; él sabe, en efecto, lo que vosotros necesitáis ya antes de que se lo pidáis; él está siempre dispuesto a venir en ayuda de las necesidades de quienes lo sirven fielmente. Por ello no debemos preocuparnos desmesuradamente ante los males que pudieran sobrevenirnos, pues sabemos que Dios, nuestro defensor, no está lejos de nosotros, según aquello que se dice en el salmo: El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. Aunque el justo sufra muchos males, de todos lo libra el Señor. Si nosotros procuramos observar lo que él nos manda, él no tardará en darnos lo que prometió.

En toda necesidad presentad a Dios vuestras peticiones mediante la oración y la súplica, acompañadas con la acción de gracias, no sea que, afligidos por la tribulación, nuestras peticiones sean hechas -Dios no lo permita- con murmuraciones o tristeza; antes, por el contrario, oremos con paciencia y alegría, dando continuamente gracias a Dios por todos sus beneficios.

Fuente: San Ambrosio, Tratado sobre la carta a los Filipenses, Liturgia de las Horas.

Valor de la Gracia

Jesus y la Samaritana 05 10 Jesús y la Samaritana

¡Si conocieses el don de Dios!

El Espíritu Santo, feliz en el mutuo amor del Padre y del Hijo, no tenía ciertamente necesidad de nuestro amor. Y, con todo, para santificarnos desciende a nuestro pobre corazón y hace de él su templo, a fin de que, viviendo nosotros en santidad y en justicia, alcancemos el Cielo. He aquí nuestra herencia, he aquí nuestra recompensa sobremanera grande. Y únicamente podemos obtenerla por medio de la gracia.
¡Oh alma mía!, vales la Sangre de Dios. ¡Ah, si conocieses el don de Dios! La gracia es con toda verdad la perla preciosa, el tesoro escondido que es preciso comprar y guardar a toda costa.

He de tener, pues, en sumo aprecio la vida de la gracia; es una vida nueva, una vida que une y me hace semejante a Dios; una vida mucho más perfecta y noble que la vida natural. Como la vida intelectual es muy superior a la vida vegetativa y a la sensitiva, así la vida cristiana es infinitamente superior a la vida puramente natural. En efecto, ella supera todas las actividades y todos los méritos de las criaturas, aun de las más perfectas.
¿Quién pudo jamás soñar con el derecho de llegar a ser hijo adoptivo de Dios y con el privilegio de ver a Dios cara a cara por toda la eternidad? Debo, pues, apreciar esa vida más que todos los bienes creados, y considerarla como el tesoro escondido por cuya adquisición y posesión no debo titubear en vender todo cuanto poseo.
¿He tenido siempre este aprecio de la gracia?

Fuente: Pbro. José Zaffonato, Meditaciones para jóvenes

Mostrar más artículos...

Suscríbase al Blog de ARCADEI