Corazón Santo, tú reinarás

Sagrado Corazon 29 57

Mirad: la infinita Majestad de Dios se oculta en el Corazón humano del Hijo de María. Este Corazón es nuestra Alianza.
Este Corazón es la máxima cercanía de Dios con relación a los corazones humanos y a la historia humana.
Este Corazón es la maravillosa “Condescendencia” de Dios: el Corazón humano que late con la vida divina: la vida divina que late en el corazón humano.

En la Santísima Eucaristía descubrimos con el “sentido de la fe” el mismo Corazón, el Corazón de Majestad infinita, que continúa latiendo con el amor humano de Cristo, Dios-Hombre.
¡Cuán profundamente sintió este amor el Santo Papa Pío X! ¡Cuánto deseó que todos los cristianos, desde los años de la infancia, se acercasen a la Eucaristía, recibiendo la santa comunión, para que se unieran a este Corazón que es, al mismo tiempo, para cada uno de los hombres “Casa de Dios y Puerta del Cielo”!
“Casa”: mediante la comunión eucarística el Corazón de Jesús extiende su morada a cada uno de los corazones humanos.

“Puerta” , porque en cada uno de estos corazones humanos Él abre la perspectiva de la eterna unión con la Santísima Trinidad.

En este mundo Cristo es Rey de los corazones. Nunca quiso ser soberano temporal, ni siquiera sobre el trono de David.
Sólo deseó ese reino que no es de este mundo y que, al mismo tiempo, en este mundo se arraiga por medio de la verdad en los corazones humanos: en el hombre interior.
Por este Reino anunció el Evangelio e hizo grandes signos. Por este reino, el reino de los hijos adoptivos de Dios, dio Su vida en la Cruz.
Y confirmó de nuevo este Reino con su Resurrección, dando el Espíritu Santo a los Apóstoles y a los hombres en la Iglesia.

De este modo Jesucristo es el Rey y centro de todos los corazones. Reunidos en Él por medio de la verdad, nos acercamos a la unión del reino, donde Dios “enjugará toda lágrima” (Ap 7, 17), porque será “todo en todos” (I Co 15, 28).

Fuente: San Juan Pablo II, Angelus del 16 de junio y 25 de agosto de 1985

La vida que defienden los santos

San Juan Pablo II - Santa Teresa de Calcuta 01 01

“Con el tiempo, las amenazas contra la vida no disminuyen. Al contrario, adquieren dimensiones enormes. No se trata sólo de amenazas procedentes del exterior, de las fuerzas de la naturaleza o de los 'Caínes' que asesinan a los 'Abeles'; no, se trata de amenazas programadas de manera científica y sistemática. El siglo XX será considerado una época de ataques masivos contra la vida, una serie interminable de guerras y una destrucción permanente de vidas humanas inocentes. Los falsos profetas y los falsos maestros han logrado el mayor éxito posible. Más allá de las intenciones, que pueden ser diversas y presentar tal vez aspectos convincentes incluso en nombre de la solidaridad, estamos en realidad ante una objetiva «conjura contra la vida », que ve implicadas incluso a instituciones internacionales, dedicadas a alentar y programar auténticas campañas de difusión de la anticoncepción, la esterilización y el aborto. Finalmente, no se puede negar que los medios de comunicación social son con frecuencia cómplices de esta conjura, creando en la opinión pública una cultura que presenta el recurso a la anticoncepción, la esterilización, el aborto y la misma eutanasia como un signo de progreso y conquista de libertad, mientras muestran como enemigas de la libertad y del progreso las posiciones incondicionales a favor de la vida.
(...) María es la palabra viva de consuelo para la Iglesia en su lucha contra la muerte. Mostrándonos a su Hijo, nos asegura que las fuerzas de la muerte han sido ya derrotadas en El: «Lucharon vida y muerte en singular batalla, y, muerto el que es la Vida, triunfante se levanta»” (SS. Juan Pablo II, Evangelium Vitae)

“La amenaza más grande que sufre la paz hoy en día es el aborto, porque el aborto es hacer la guerra al niño, al niño inocente que muere a manos de su propia madre. Si aceptamos que una madre pueda matar a su propio hijo, ¿cómo podremos decir a otros que no se maten?
¿Cómo persuadir a una mujer de que no se practique un aborto? Como siempre, hay que hacerlo con amor y recordar que amar significa dar hasta que duela”. (Santa Teresa de Calcuta)

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