Plegaria del joven

Carlo Acutis y Montserrat Grasses 01 01 Los jóvenes Carlo Acutis y Montserrat Grases actualmente en proceso de beatificación

Santísima Trinidad, eterna vida y juventud, Tú que eres la fuente de mi ser, haz que la aventura de mi vida, que recién comienza con toda la fuerza de lo nuevo, tenga el único sentido de caminar de retorno a la casa del Padre. Señor Jesús, que un día pensaste y amaste con alma de joven, imprime en mi corazón tus mismos ideales y sentimientos.

Quisiera tener siempre sed de la verdad, buscada en el bellísimo libro de la creación, en los acontecimientos de todos los días y, sobre todo, en ti mismo, el único Maestroque tiene para mí palabras de vida eterna. Concédeme un amor limpio y generoso, capaz de amar a mi prójimo y a mi patria, a los amigos y a los enemigos; que se entusiasme con prontitud y facilidad por todo lo que es noble, justo y grande; que sintonice con los héroes y santos de la historia; que sienta en lo más hondo del alma el llamado a las grandes empresas y tenga instintivo horror de lo mediocre, lo injusto, lo doble, lo hipócrita y lo bajo; que por encima de todo y con un corazón ensanchado y dilatado, logre correr por el camino de tus mandatos amándote con todo el corazón, toda el alma, toda la mente y todas las fuerzas. Educa mis pasiones, afectos y sentimientos para que nunca me desordenen ni me manchen, y sean los que me den fuerza y sensibilidad para el dolor, el amor y la belleza.

Yo también quisiera, Señor, que como Tú, toda mi vida estuviese dedicada a las cosas de mi Padre, que ninguna de sus cosas me fuese indiferente, no me venciese el respeto humano y jamás buscase agradar a los hombres sino sólo a mi Dios. Quiero ser, con tu gracia, dedicado en el estudio, alegre en las diversiones, esforzado y limpio en el deporte, noble en la amistad, devoto en la oración y magnánimo en tu servicio.
Sólo porque he vivido poco, aún no tengo que lamentar grandes fracasos ni me pesa la decrepitud de arraigados malos hábitos. Pero Tú sabes, Señor, que tengo necesidad de amar y ser amado, y que a veces siento el vértigo de la libertad, que mis pasiones me sacuden como un mar embravecido, el mundo me seduce con facilidad y mis propósitos son frágiles. Te imploro que madures y temples mi corazón como el del joven Juan, tu discípulo amado, con la castidad y la caridad, pues yo también quiero serte fiel en la amistad hasta la cruz.
Mas si algún día te traicionara por el pecado, como Pedro, no te quedes en silencio soportando mi afrenta, mírame y muéstrame como te plazca, aunque tu mano me parezca dura, que he equivocado el camino, pues estoy dispuesto al arrepentimiento y a comenzar de nuevo.

Tengo, por fin, Señor, un futuro que me atrae y mil proyectos que me fascinan. No sé qué querrás hacer de mi vida ni qué planes e ilusiones tienes sobre mí, pero quisiera decirte que estoy dispuesto a todo, sólo que me ayudes en lo que mandes. Más allá de ello, manda lo que quieras. Quisiera que tu Madre, Señor, me tratase como a ti: formándome un corazón como el tuyo, buscándome con angustia cuando me pierda, estando siempre al pie de mi cruz y esperándome gloriosa en la gran alegría de la eternidad. Amén.

Fuente: P. Ramiro Sáenz, Solo Dios basta

Valor de la Gracia

Jesus y la Samaritana 05 10 Jesús y la Samaritana

¡Si conocieses el don de Dios!

El Espíritu Santo, feliz en el mutuo amor del Padre y del Hijo, no tenía ciertamente necesidad de nuestro amor. Y, con todo, para santificarnos desciende a nuestro pobre corazón y hace de él su templo, a fin de que, viviendo nosotros en santidad y en justicia, alcancemos el Cielo. He aquí nuestra herencia, he aquí nuestra recompensa sobremanera grande. Y únicamente podemos obtenerla por medio de la gracia.
¡Oh alma mía!, vales la Sangre de Dios. ¡Ah, si conocieses el don de Dios! La gracia es con toda verdad la perla preciosa, el tesoro escondido que es preciso comprar y guardar a toda costa.

He de tener, pues, en sumo aprecio la vida de la gracia; es una vida nueva, una vida que une y me hace semejante a Dios; una vida mucho más perfecta y noble que la vida natural. Como la vida intelectual es muy superior a la vida vegetativa y a la sensitiva, así la vida cristiana es infinitamente superior a la vida puramente natural. En efecto, ella supera todas las actividades y todos los méritos de las criaturas, aun de las más perfectas.
¿Quién pudo jamás soñar con el derecho de llegar a ser hijo adoptivo de Dios y con el privilegio de ver a Dios cara a cara por toda la eternidad? Debo, pues, apreciar esa vida más que todos los bienes creados, y considerarla como el tesoro escondido por cuya adquisición y posesión no debo titubear en vender todo cuanto poseo.
¿He tenido siempre este aprecio de la gracia?

Fuente: Pbro. José Zaffonato, Meditaciones para jóvenes

La Madre Dolorosa es consuelo de los afligidos

Virgen de los Dolores 13 34

Considera que la contemplación de los dolores de María es un antídoto sumamente provechoso contra las aflicciones que se padecen en esta vida y, al mismo tiempo, un motivo para esperar con mayor confianza en la divina misericordia.

Los dolores de María Santísima, bien considerados, deben fortalecer el alma del cristiano y llenarle de soberanos consuelos, por más que las aguas amargas de la tribulación le hayan sumergido hasta lo más hondo.
Porque, ¿qué penas pueden ser las tuyas, oh cristiano, que merezcan compararse con las de aquella Señora? ¿Te han usurpado tus posesiones? A María Santísima le quitaron su Hijo, en donde estaban encerrados todos los inmensos tesoros de las riquezas divinas.
¿Han vulnerado tu honor, afeándole con imposturas y ennegreciéndole con calumnias afrentosas? María Santísima tiene a su Hijo, que es la misma inocencia, crucificado por revoltoso, por embaucador, por un hombre tan malo que quería levantarse por rey; y llegó a tanto el vilipendio que llegaron a posponerle al facineroso Barrabás.
¿Te han privado de tu pariente, de tu esposo, o de tu hijo? María Santísima se ve viuda, porque Jesucristo es el esposo de las vírgenes; le han quitado un hijo Dios de quien era verdadera madre, y con él le han quitado todos los bienes imaginables, pues todos se contienen en la naturaleza divina.
¿Padeces enfermedades, tienes tu cuerpo cubierto de llagas, te afligen el hambre, la sed, la pobreza y todos los dolores? María Santísima se ve despreciada de todos, sin tener modo de aliviar la sed de su Hijo, ni darle sepultura, y su bendita alma está hecha el teatro más lastimoso de cuantos inventó la crueldad, y del más triste desamparo.

Sin embargo de eso, María es inocentísima y se conforma perfectamente con la voluntad de su Dios. ¿Quién eres tú, pues, que pretendes eximirte de los trabajos de este mundo con una conducta llena de delitos? ¿No será más razonable pensamiento el llenar tu corazón de una santa tranquilidad y consuelo, considerando en las dificultades con que Dios te trata cómo trató a su misma Madre? A más de que, en esto mismo, puedes asegurar una dulce esperanza de las eternas recompensas. El mismo Dios tiene dicho que no será coronado sino el que hubiese peleado con fortaleza. El sufrimiento de las penalidades de esta vida es la lucha a la cual está prometida la palma y la victoria.
Por otra parte, el haber padecido tanto la Madre de Dios te asegura que en sus dolores tienes un caudal con que pagar tus deudas, y un repuesto de merecimientos en que afianzar tus esperanzas. María, inocentísima y sin la más leve mancha de pecado, a imitación de su Hijo, no padeció para sí sino para beneficio del linaje humano. Ensancha, pues, ese corazón, y conoce que en los dolores de María tienes todo tu consuelo y en donde colocar la esperanza de conseguir la vida eterna.

Fuente: J. Croisset, sj, Año cristiano

Bienes de la enfermedad (II)

San Juan Bautista de La Salle 01 01 San Juan Bautista de La Salle

Debe aconsejarse a los enfermos que consideren cuán grande don es la molestia del cuerpo, con la que pueden lavar los pecados cometidos y reprimir los que podrían cometerse. Mediante las llagas exteriores, en efecto, el dolor causa en el alma las llagas de la penitencia, conforme a lo que está escrito: los males se purgan por las llagas y con incisiones que penetran hasta las entrañas (Pr 20, 30).

Se purgan los males por las llagas, esto es, el dolor de los castigos purifica las maldades, tanto las de pensamiento como las de obra, ya que con el nombre de entrañas suele entenderse generalmente el alma, y así como el vientre consume las viandas, así el alma, considerando las molestias, las purifica.

Para que los enfermos conserven la virtud de la paciencia, se les debe exhortar a que continuamente consideren cuántos males soportó Nuestro Redentor por sus criaturas; cómo aguantó las injurias que le inferían sus acusadores; cómo Él, que continuamente arrebata de las manos del antiguo enemigo a las almas cautivas, recibió las bofetadas de los que le insultaban; cómo Él, que nos lava con el agua de la salvación, no hurtó su rostro a las salivas de los pérfidos; cómo Él, que con su palabra nos libra de los suplicios eternos, toleró en silencio los azotes; cómo Él, que nos concede honores permanentes entre los coros de los ángeles, aguantó los bofetones; cómo Él, que nos libra de las punzadas de los pecados, no sustrajo su cabeza a la corona de espinas; cómo Él, que nos embriaga de eterna dulcedumbre, aceptó en su sed la amargura de la hiel; cómo Él, que adoró por nosotros al Padre, aun siendo igual al Padre en la eternidad, calló cuando fue burlonamente adorado; cómo Él, que dispensa la vida a los muertos, llegó a morir siendo Él mismo la Vida.

Fuente: San Gregorio Magno, Regla pastoral. textoshistoriadelaiglesia.blogspot.com

Bienes de la enfermedad (I)

Beata Ana Catalina Emmerick 01 01 Beata Ana Catalina Emmerick

En este día de San Gregorio Magno, Papa, ofrecemos algunos párrafos escritos por el santo en los que trata de los beneficios que nos concede Dios por medio de la enfermedad.

A los enfermos se les debe exhortar a que se tengan por hijos de Dios, precisamente porque los flagela con el azote de la corrección. Si no determinara dar la herencia a los corregidos, no cuidaría de enseñarlos con las molestias; por eso el Señor dice a San Juan por el ángel (Ap 3, 19): Yo, a los que amo, los reprendo y castigo; y por eso está también escrito: no rehúses, hijo mío, la corrección del Señor ni desmayes cuando Él te castigue, porque el Señor castiga a los que ama, y azota a todo el que recibe por hijo (Pr 3, 11). Y el Salmista dice: muchas son las tribulaciones de los justos, pero de todas los librará el Señor (Sal 33, 20).

Hay, pues, que enseñar a los enfermos que, si verdaderamente creen que su patria es el Cielo, es necesario que en la patria de aquí abajo, como en lugar extraño, padezcan algunos trabajos. Se nos enseña que en la construcción del templo del Señor [el templo de Jerusalén], las piedras que se labraban se colocaban fuera, para que no se oyera ruido de martillazos. Así ahora nosotros sufrimos con los azotes, para ser luego colocados en el templo del Señor sin golpes de corrección. Quienes eviten los golpes ahora, tendrán luego que quitar todo lo que haya de superfluo, para poder ser acoplados en el edificio de la concordia y la caridad (...)

Se debe aconsejar a los enfermos que consideren cuán saludable para el alma es la molestia del cuerpo, ya que los sufrimientos son como una llamada insistente al alma para que se conozca a sí misma. El aviso de la enfermedad, en efecto, reforma al alma, que por lo común vive con descuido en el tiempo de salud. De este modo el espíritu, que por el olvido de sí era llevado al engreimiento, por el tormento que sufre en la carne, se acuerda de la condición a que está sujeto.

Fuente: San Gregorio Magno, Regla pastoral. textoshistoriadelaiglesia.blogspot.com

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