Promesas de la Santísima Virgen a los que rezan el Rosario

Santo Rosario 01 02

Cuenta la tradición que, en la segunda mitad del siglo XV la Virgen María se apareció al Beato dominico Alano de la Rupe, quien escribió el famoso libro De Dignitate Psalterii (De la dignidad del Salterio de María), en el cual relata cómo la Virgen pide a Santo Domingo de Guzmán que propague el rezo del Santo Rosario.

Según el Beato Alano, estas son las promesas de Nuestra Señora para quienes rezan frecuentemente y con devoción la oración mariana:
1. Aquellos que recen con enorme fe el Rosario recibirán gracias especiales.
2. Prometo mi protección y las gracias más grandes a aquellos que recen el Rosario.
3. El Rosario será la defensa más poderosa contra las fuerzas del infierno. Se destruirá el vicio, se disminuirá el pecado y se vencerá a todas las herejías.
4. Por el rezo del Santo Rosario florecerán las virtudes y también las buenas obras. Las almas obtendrán la misericordia de Dios en abundancia. Se apartarán los corazones del amor al mundo y sus vanidades y serán elevados a desear los bienes eternos. Las mismas almas se santificarán por este medio.
5. Quien confíe en mí, rezando el Rosario, no será vencido en las adversidades.
6. Quien rece devotamente el Rosario, meditando los misterios, no conocerá la desdicha. En Su justo juicio, Dios no lo castigará. No sufrirá la muerte improvisa. Si es pecador, se convertirá y si es justo, permanecerá en la gracia de Dios y se hará digno del Cielo.
7. El que conserva una verdadera devoción al Rosario no morirá sin los sacramentos de la Iglesia.
8. Aquellos que recen con mucha fe el Santo Rosario encontrarán la luz de Dios y la plenitud de su gracia, y en la hora de su muerte participarán de los méritos de los Santos del Paraíso.
9. Cada día libraré del Purgatorio a las almas devotas de mi Rosario.
10. Los niños devotos al Rosario merecerán un alto grado de Gloria en el cielo.
11. Obtendrán todo lo que me pidan con fe mediante el rezo del Rosario.
12. Aquellos que difundan mi Rosario serán socorridos por mí, en todas sus necesidades.
13. Para los devotos del Santo Rosario, he obtenido de mi Divino Hijo, la intercesión de toda la Corte Celestial durante la vida y en la hora de la muerte.
14. Aquellos que rezan fielmente mi Rosario son mis hijos amados y hermanos de mi único hijo, Jesucristo.
15. La devoción a mi Rosario es una gran signo de salvación.

Fuente: cf. santisimavirgen.com.ar

El Escapulario de la Virgen del Carmen (V)


3- La bala se desvió

Un afamado general de EE.UU. se convirtió al catolicismo durante la guerra de Secesión. Un día en que la voz de los cañones y el ruido de la fusilería se mezclaban con los gritos y ayes de los moribundos y lamentos de los heridos, vio que la bala que debía atravesar el corazón de un soldado se había desviado al encontrarse con el escapulario que llevaba puesto. Era un milagro evidente de la Virgen. El general, que era protestante, estudió el catecismo y abjuró de sus errores. Terminada la guerra, volvió a casa, pensando qué diría su esposa cuando supiera que se había hecho católico. El domingo a la hora de la misa salió de casa tomando como pretexto que debía ir a la peluquería, pero fue a oír misa, y se puso a rezar con todo fervor. Poco después se arrodilló a su lado una dama. Sólo al salir del templo se dio cuenta de que la que estaba a su lado era su esposa, que también se había convertido y que por temor lo había mantenido oculto. Este descubrimiento completó la felicidad del hogar.

4- Libres de peligros
Dijo el Papa Pío XII: “¡Cuántas almas en circunstancias desesperadas humanamente, han debido su salvación eterna al Escapulario que los recubría! ¡Cuántas también, en peligros de cuerpo y alma, han sentido, gracias al Escapulario, la protección maternal de María!”

5- El huracán
A finales del verano de 1845, el barco inglés The King of the Ocean navegaba rumbo a Australia cuando, cerca del cabo de Buena Esperanza, se vio sorprendido por un implacable huracán. James Fisher, el pastor protestante que asistía espiritualmente a la tripulación, subió a cubierta para rezar con el objetivo de frenar el temporal que estaba vapuleando al barco. Entre los marineros se encontraba el irlandés John McAuliffe, quien, al ver que las oraciones de aquel protestante no surtían el efecto deseado, se acercó hasta la barandilla, se abrió la camisa, se quitó el escapulario de la Virgen del Carmen, hizo la señal de la cruz sobre las bravas olas y lo arrojó al agua. En ese instante, el viento cesó y solamente una ola más cayó sobre la cubierta trayendo con ella el escapulario del irlandés. El protestante Fisher, testigo de aquel suceso, se convirtió al catolicismo nada más desembarcar en Australia.

6- Recobra la vista una niña ciega
En Jerez de la Frontera (España), en 1952, sucedió este prodigio: una niña había quedado ciega, víctima de una meningitis tuberculosa, sin que los médicos diesen la menor esperanza de recuperar la luz extinguida en las pupilas de la candorosa y angelical niñita.
“Sólo un milagro -había dicho un médico fervoroso a la buena madre- le podría devolver la vista.”
El corazón de la piadosa madre había ido disponiendo el corazón de su amada y angelical hijita con una fe, una humildad y perseverancia, a la que no sabe resistir jamás el corazón clementísimo y dulcísimo de la Madre de Dios. Y con aquella fe que quebranta las piedras y hace trasladar los montes, susurra en el corazón de su inocente hija: “Pero si no te hace el milagro, es que no lo merecemos o que te conviene más la ceguera para tu salvación”.
En estas condiciones, y con el convencimiento certísimo de ser escuchadas y atendidas, llegó la hora del besamanos a la Virgen del Carmen. Mientras se acercaba, la madre sugería a su hija que esperase contra toda esperanza el ser oída y atendida por la bondad de nuestra dulce Madre. La tierna niña, dando un suspiro de amor y poniendo su alma en los labios para besar el Santo Escapulario, sintió un escalofrío y un estremecimiento súbito en todo su ser, y de pronto exclamó: “¡Madre, que veo a la Virgen! ¡Qué lindísima es!”

El Escapulario de la Virgen del Carmen (IV)

Nuestra Senora del Carmen 05 13b

Ejemplos (I)

1- ¡La Virgen me ha salvado!
En 1940 un marino, encanecido en salitres y algas de todos los mares, narró este hecho: En cierta ocasión la mar embravecida nos lanzaba a las costas africanas, amenazando estrellarnos contra una escollera. Una ola gigante arrastró a un joven grumete. El mayor de mis hijos, un fornido y experto nadador, en un acto de caridad heroica, me dijo, santiguándose:
- Padre, voy a buscarlo.
Al mismo tiempo que yo le gritaba:
-¿Llevas puesto el Escapulario?
- Sí, padre, contestó, lanzándose desde la proa... Los siguientes momentos fueron de indecible angustia.

De rodillas sobre cubierta, juntamente con mi hijo menor, contemplábamos, asidos fuertemente a las maromas de la nave, los esfuerzos titánico y desesperados que hacía mi pobre hijo por llegar hasta el desdichado grumete, que estaba a punto de perecer.
Puse toda mi confianza en nuestra Madre bendita del Carmen y le hice una promesa: comprar una imagen suya para que fuese venerada de estas gentes sencillas, buenas y creyentes; y el primer atún que pescase cada año fuese íntegro para fomentar su culto y su devoción.
Todo fue en un abrir y cerrar de ojos. Vi rasgarse una nube y, en un rompimiento como de gloria, la contemplé embelesado, extendiendo hacia mi pobre hijo su bendito Escapulario.
Ya, entonces, nada temí; no sentía ni congoja ni ansiedad, estaba tranquilo y seguro de que se salvaría. No hacía otra cosa que rezar maquinalmente y de rutina la Salve, pero con una dulzura que parecía relamerme con miel de los labios. Un minuto después, mi hijo traía consigo la preciosa carga del grumete salvado y se echaba en mis brazos, diciéndome:
- ¡La Virgen me ha salvado!

2- El tiburón
Hace años un joven marino francés, dejando las costas de San Maló, partió para América. Tenía gran devoción y amor a María y llevaba su Escapulario con mucha fe y esperanza. Llegado al término del viaje, quiso bañarse en el mar.
Algunos procuraron disuadirle haciéndole ver que las olas estaban muy agitadas; mas él insistió en su propósito, y, como buen nadador, se alejó de la ribera del mar.
De repente vio junto a sí un tiburón con las fauces abiertas. El primer movimiento del marino fue de espanto; pero luego su pensamiento se dirigió al cielo.
Con la mano izquierda se quitó el Escapulario, presentándoselo al tiburón como un escudo de defensa, mientras con la mano derecha seguía nadando.
El monstruo, como herido de ceguera o de parálisis, se detuvo, y él, protegido por la Virgen, con su arma milagrosa en la mano, llegó sin la menor novedad hasta la playa, donde se arrodilló para dar gracias a su salvadora rezando el Avemaría.

Desde aquel día, cada vez que se embarcaba se proveía de Escapularios, no sólo para sí mismo, sino para todos los marineros.

El Escapulario de la Virgen del Carmen (III)

Nuestra Senora del Carmen 04 12 Historia

Nueve siglos antes de que naciera Jesús, Palestina sufría una gran sequía por haber sido infiel a Dios. Hacía tres años que no llovía. El profeta Elías subió al Monte Carmelo para rezar. Mientras él rezaba, mandó a su criado a la cima de la montaña para ver qué veía. El criado volvió diciéndole que no había nada. El profeta lo hizo ir siete veces. La séptima vez volvió diciendo que se veía una nubecita. Esta nube era pequeña, parecía que iba a desaparecer, pero creció y derramó una abundante lluvia que trajo la salvación (I Reyes 18, 43-45).
Por eso se ha visto en esa nubecita la figura de la Virgen María, que siendo humilde y pequeña a los ojos de los hombres, mereció ser la Madre de Dios, por quién nos vino el Salvador.

Desde los primeros siglos de la Iglesia hubo ermitaños que vivían en el Monte Carmelo. En el siglo XII se estableció una comunidad de ermitaños, venidos para las cruzadas, que fueron llamados Carmelitas. Tenían especial consagración a la Virgen María, que llamaban Madre del Carmelo.
Por las persecuciones de los musulmanes muchos son martirizados y otros vuelven a Europa. Parecía que iba a desaparecer la orden de los Carmelitas por todas las dificultades que estaba pasando. El Prior general de la Orden, San Simón Stock, se vuelve a la Virgen María, pidiéndole que salve la orden, que dé un privilegio a sus Carmelitas. La Virgen se le aparece el 16 de Julio de 1251 y le entrega un escapulario, diciéndole que es un privilegio para los Carmelitas, que quien muera teniéndolo puesto, no se iría al infierno.

Muchas personas laicas pidieron llevar también el Escapulario, a raíz de la promesa de Nuestra Señora de librar del infierno a quien lo portara.

Muchos reyes, Papas y Santos lo han llevado: San Luis Rey de Francia, Eduardo II de Inglaterra, San Juan Bosco, Santa Bernardita, la mayoría de los últimos Papas, como san Juan Pablo II.

El Escapulario de la Virgen del Carmen (II)

Nuestra Senora del Carmen 03 11

¿Qué gracias o favores nos consigue?

-Nos protege de los peligros del cuerpo y del alma, en la vida y especialmente en la hora de la muerte.
-Dijo la Santísima Virgen a San Simón Stock que quien muera con el Escapulario puesto no iría al infierno, no permitirá que muera en pecado mortal. Esta seguridad de ir al Cielo es un regalo incomparable.
-La Santísima Virgen le prometió al Papa Juan XXII en una visión que, a los que llevaran el Escapulario, los libraría del Purgatorio el sábado después de su muerte.

¿Qué indulgencias podemos ganar?
Parciales (es decir, que nos libra de parte de las penas que tendríamos que sufrir en el Purgatorio): a los que lleven el Escapulario, cada vez que lo besen con devoción.
Plenaria (es decir que nos libra de TODAS las penas que deberíamos sufrir en el Purgatorio por nuestros pecados):
- El día que reciben el Escapulario
- El 16 de mayo (San Simón Stock).
- El 16 de julio (Virgen del Carmen).
- El 20 de julio (San Elías Profeta).
- El 1 de octubre (Santa Teresita).
- El 15 de octubre (Santa Teresa de Jesús).
- El 14 de noviembre (Todos los Santos Carmelitas).
- El 14 de diciembre (San Juan de la Cruz).

¿Qué hay que hacer para recibir lo que prometió la Virgen?
Para la principal promesa, que es la de librarnos del infierno, la única condición es que lo tengamos impuesto por un sacerdote (sólo la primera vez, cuando lo cambiamos por otro lo hace uno mismo) y llevarlo puesto en el momento de la muerte.
Para la promesa de sacarnos del Purgatorio el sábado siguiente de la muerte es necesario rezar lo que el Sacerdote nos indique, guardando la castidad propia del estado.

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